Articulo - La academia

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La academia

10/03/2009
La academia

Natalia, mi mejor amiga, y yo nos habíamos quedado sin Internet un mes entero. Nuestros padres nos la habían quitado como castigo por llegar una noche tarde a casa. La única forma que ella y yo teníamos de navegar era durante el curso de informática que solíamos dar después del instituto en una academia que había en nuestro barrio.
En dicha academia trabajaba Diego, el hermano de Verónica, una de nuestras amigas. Tenía 17 años, uno mas que nosotras, y era bastante atractivo, alto, de constitución fuerte y atlética y pelo rubio. Tanto a Natalia como a mi nos atraía mucho. Durante el curso solía subir alguna que otra vez al aula para decirle algo a la profesora y no pude evitar darme cuenta de que solía mirarnos disimuladamente a Natalia y a mi. Las dos le gustabamos, aunque a penas se atrevía a hablar con nosotras. No sé si porque era muy tímido o porque éramos amigas de su hermana. Natalia tampoco se atrevía a hablar con él y, aunque ella no paraba de decirme que no le importaba que yo saliera con él, tampoco me acerqué a él. A mi solo me atraía físicamente, pero a ella le gustaba de verdad.




Un día, me entraron ganas de ir al servicio y salí del aula en dirección al baño. No pude evitar escuchar una conversación entre él y el dueño de la academia. Al parecer, la alarma se había estropeado y los técnicos no la arreglarían hasta un par de días después, por lo que él se tendría que quedar a pasar la noche allí para vigilar la academia hasta que la alarma estuviese arreglada. Fue entonces cuando se me ocurrió una astuta idea.
Al acabar el curso, le dije a Natalia que me esperara fuera mientras yo terminaba de recoger las cosas. La gente se iba y Diego se quedaba solo recogiendo. Momento que aproveché para acercarme a él y pedirle que aquella noche el nos dejara a Natalia y a mi quedarnos un rato para poder navegar a nuestro aire. Como era de esperar, él al principio se negó, por lo que yo tuve que ponerme de lo mas insinuante mientras le susurraba al oído las ventajas de quedarnos solos allí Natalia, él y yo.
Finalmente, terminó por aceptar y yo regresé con Natalia. Mientras regresábamos a nuestras casas, le dije que Diego había accedido a dejarnos entrar en la academia esa noche para poder utilizar los ordenadores. También le dije que le dijera a sus padres que esa noche nos quedaríamos a dormir en casa de Verónica para estudiar, ya que ella no tenía Internet y nuestros padres nos dejarían quedarnos allí. Poco antes la había telefoneado para que nos encubriera si a nuestros padres les daba por llamar a su casa; afortunadamente, ellos solo tenían el número del móvil de ella y no el de su casa, por lo que estábamos seguras.

Mas tarde, ya de noche, tal y como habíamos quedado, Natalia y yo nos reunimos en la puerta de la academia. Ella iba vestida de la misma forma que ese día, con una falda vaquera y una blusa negra. De todas formas, ella siempre estaba muy atractiva con lo que llevara puesto. Era muy bella, de largos cabellos rubios muy rizados y cuerpo esbelto y algo voluptuoso.
Yo, mientras, me había puesto una faldita blanca muy corta y una camiseta roja de tirantes muy ajustada y escotada. Naturalmente, no salí de mi casa así, si no con unos pantalones y un jersey, ambos negros, que luego que quité y sustituí por esas prendas escondida tras unos matorrales. A Natalia le sorprendió verme así vestida para navegar y chatear un rato, pero no le dio mucha importancia. No sabía que yo llevaba otras intenciones encima.

Diego nos vio llegar por una de las ventanas del edificio y nos abrió por la puerta trasera. Nos llevó al aula de informática donde nos tenía preparados los ordenadores donde solíamos sentarnos. Natalia entró primero y yo la seguí pero, antes de entrar, le susurré a él en el oído que me esperara en un aula que había al final del pasillo, la cual estaba en desuso.
Me senté junto en mi ordenador, al lado de Natalia y, durante unos cinco minutos hice como que navegaba como ella. Aunque, en aquellos momentos, mi mente solo pensaba en Diego.

Pasados esos cinco minutos me levanté y le dije a Natalia que tenía que ausentarme unos minutos. Ella en esos momentos chateaba y a penas me daba importancia. Salí del aula y, muy excitada, caminé por el pasillo en dirección a esa habitación.
Dentro de aquel aula, llena de sillas y mesas apiladas, Diego me esperaba bastante nervioso. En cuanto entré se volvió hacia mí bastante sobresaltado.

- Diana... -me dijo con voz temblorosa -¿Estás segura...?

No le di tiempo a terminar la frase. En seguida cerré la puerta tras de mí, crucé la habitación, me abracé a él y le besé apasionadamente en los labios. Tras besarle, lo miré ardientemente con una sonrisa de niña mala. Retrocedí un par de pasos y me quité la camiseta mostrándole mis pechos, los cuales él contemplaba boquiabierto con un sudor frío recorriéndole la frente.
Sin dejar de mirarla con mi sonrisa maliciosa, le cogí por las muñecas y coloqué las palmas de sus manos sobre mis tetas. Al principio, estas estuvieron quietas pero, rápidamente, empezaron a juguetear.
Yo, mientras, acaricié su entrepierna, la cual estaba cada vez mas dura y abultada, por encima de su pantalón vaquero. Volví a besarle, esta vez con lengua. Después, cogí su cabeza y la metí entre mis pechos, dejando que su boca y su lengua continuaran el trabajo de sus manos. Él estaba perdiendo ya el nerviosismo del principio y, mientras devoraba mis tetas, sus manos empezaron a acariciar mis espalda y mi culo mientras yo, muy gozosa, y le acariciaba.





Colocamos una de las grandes mesas en el centro y, tras quitarle la camiseta, hice que se sentara sobre ella. Me coloqué frente a él y, tras besarle otra vez y lamer y acariciar su cuello y su pecho, me incliné, desabroché su pantalón y saqué su verga, muy grande, dura y caliente, la cual acaricié un poco con la yema de mis dedos y lamí un poquito su punta antes de metermela entera en la boca mientras lo miraba provocativamente y veía como gozaba.

Tras acabar la mamada, me tumbé sobre la mesa boca arriba mientras él, de píe frente a mi, introducía sus manos bajo mi falda y, lentamente, me quitaba el tanga. Después, levantó la falda, metió la cabeza entre mis piernas y noté como su lengua penetraba en mí a la vez que empezaba a jadear y ahogar gemidos de placer. Luego se puso a lamer mis mojados muslos mientras introducía, uno a uno, los dedos de una de sus manos en mi entrepierna para luego sacarlos empapados en mis fluidos y dejarme chupárselos.
Después fue él el que se tumbó en la mesa boca arriba mientras yo me quité la falda y me senté encima de él introduciéndome su polla y empezando a cabalgarle a la vez que él alargaba sus manos hacia mí para acariciar mis tetas.

En pleno folleteo, la puerta se abrió entrando por ella Natalia, quién había empezdo a echarme de menos. Ella se quedó boquiabierta al vernos así.

- ¡Serás guarra! Debería habérmelo imaginado... -dijo entre perpleja y disgustada.

Diego volvió a ponerse nervioso, pero yo la miré con mi sonrisa mas maliciosa.

- No creerías que he montado todo esto solo para usar los ordenadores... -dije mientras me bajaba de encima de él y la mesa y me ponía a caminar hacia ella.

Una vez llegué hasta ella, se puso a hablar despacio para que él no nos oyera.

- Te has vuelto loca, Diana. Como nos pillen vamos a estar castigadas todo el año... -en el fondo, yo sabía que eso que decía era mentira y que, en realidad, quería reprocharme el que estuviera tirándome a Diego sabiendo lo mucho que le gustaba.

Yo reí.

- Tranquila -le dije -. Esto es mas divertido que estar con los ordenadores...

Ella, aún muy seria, suspiró. En sus ojos vi que quería abofetearme, pero se resignó .

- Está bien. Os dejo que sigáis con lo vuestro...

Se disponía a irse, cuando yo la retuve agarrándola suavemente de un brazo.

- Espera... -dije en un tono mas malicioso -¿no quieres unirte a nosotros...?

Ella abrió mucho los ojos.

- ¿Como...?

- Venga, que se que él te gusta mucho. Además, tu también tienes que agradecerle que nos haya hecho este favor...

- Joder, Diana. Tu solo piensas en lo mismo...

- No te hagas la estrecha, mujer. Que se que lo estás deseando...

No mentía, la conocía muy bien y sabía que, aunque lo disimulase, en el fondo estaba muy excitada por lo que había visto. Además, me había fijado en que no paraba de mirar de vez en cuando a Diego, quién no paraba de mirarnos perplejo sentado en la mesa y desnudo.

- Además... -continué -No harás nada que ya no hayas hecho antes... -aludiendo a que no era el primer trío que nos motábamos.

Ella ya no podía disimular su nerviosismo. De no tenerla bien agarrada del brazo, se hubiera ido corriendo. Poco a poco, empecé a arrastrarla hacia dentro de la habitación y, una vez dentro, cerré la puerta y la llevé hasta donde estaba Diego, a quién miré con mi sonrisa mas perversa mientras rodeaba la cintura de mi amiga con uno de mis brazos.

- Ahora somos tres -dije sarcástica -. Espero que no te importe...

Completamente boquiabierto y muy excitado, él negó con la cabeza.
Me volví hacia Natalia y, antes de que pudiera reaccionar, la besé en los labios. Después empecé a acariciarla mientras ella, totalmente perpleja, se acercó mas a mi para susurrarme.

- ¿Se puede saber que haces...?

Yo también la susurré.

- No me seas mojigata, que ya lo hemos hecho otras veces...

- Si, pero en mi cuarto, estando las dos solas... Que va a pensar él...

Recordé excitada aquellos momentos, cuando me quedaba a dormir en su casa con la escusa de estudiar. Al ser dos chicas, sus padres la dejaban cerrar el pestillo de la puerta de su dormitorio y así las dos podíamos montárnoslo durante toda la noche. Yo tuve mis primeras experiencias lésbicas con una de mis primas mientras que ella tuvo sus primeras experiencias conmigo.

- Ahora mismo estará demasiado cachondo para pensar. Tu relájate y déjame a mi...

Ante la atónita mirada de él, volví a besarla y continué acariciándola mientras, lentamente, le quitaba la blusa, la falda vaquera, el sujetador y sus, muy mojadas, bragas. Ella, al principio, no hacía nada pero, a medida que se iba calentando, empezó a acariciarme también a mi.
Tras un buen rato jugueteando entre nosotras, la volví hacia él. Ambos se besaron apasionadamente mientras se acariciaban. Ella, que había perdido por completo toda su timidez del principio, empezó a recorrer el torso de él con sus labios y su lengua y fue bajando hasta llegar a su polla, la cual se metió en la boca. Yo, mientras, muy excitada, empecé a toquetearme mientras no paraba de mirarles. Luego me incliné sobre ella y, mientras seguía con la mamada, la acaricié y lamí su espalda hasta llegar a su culo. Ella se sacó la verga de la boca para dar un fuerte gemido al sentir mi lengua dentro de su ano. Después dio unos pequeños jadeos y continuó chupándosela a Diego, que cada vez estaba mas excitado.
Tras un pequeño rato así, me incorporé y volví a besarle a él, metiéndole mi lengua, con el sabor del culo de mi amiga, en su boca.

Una vez ella terminó la mamada, me tocó a mi volver a chuparsela mientras ella lo besaba y acariciaba. Después, hice que ella se tumbara en la mesa boca arriba mientras él se colocaba encima de ella y empezaba a penetrarla. Yo, inclinada junto a ellos, los besaba y acariciaba a ambos mientras ellos follaban. Los gemidos de placer de mi amiga, ahogados las veces que yo la besaba en los labios, inundaban toda la habitación.

Mas tarde le tocó a él tumbarse en la mesa boca arriba. Ella se sentó sobre él y empezó a cabalgarle. Yo no perdí la ocasión y me senté sobre su cara mirándola a ella y, mientras sentía las manos de él agarrando mis muslos y su lengua en mi entrepierna y mi culo, aprovechaba para besar, acariciar y lamer a mi excitada amiga mientras lo follaba.
Estuvimos así un buen rato y nos fuimos turnando. Una vez me tocaba a mi cabalgarle mientras ella se sentaba sobre su cara y otras veces lo contrario.

Mas tarde, ella y yo nos colocamos a cuatro patas en el suelo, las dos muy juntas, poniendo nuestros culos a disposición de él. Primero la enculó a ella mientras introducía sus dedos en mi ano; después fue a mi a quién enculó mientras metía sus dedos en el culo de ella; así se fue turnando todo el tiempo. Nuestros fuertes gemidos, mezcla de dolor y placer al sentir su enorme verga taladrandonos, solo se ahogaban cuando ella y yo nos dábamos apasionados besos con lengua de vez en cuando.

Llegado el momento, las dos nos colocamos de rodillas frente a él, quién estaba de píe con su verga apuntando a nuestras caras. Esta explotó, dejando nuestras bocas y bustos totalmente perdidos. Ella y yo nos miramos, sonreímos y juntamos nuestros labios, completamente manchados de semen, en un último beso. Después, empecé a lamer el semen de su cuerpo mientras ella se besaba con él.

Los tres acabamos tumbados encima de la mesa. Diego estaba en medio de las dos, que nos encontrábamos abrazadas a él. Él y ella se habían quedado dormidos, pero yo aún seguía despierta. Estuve un rato con ellos y luego me levanté. Tras vestirme, me incliné sobre Natalia y la besé tiernamente en la mejilla. Los contemplé durante unos segundos y sonreí al verlos dormidos, abrazados y desnudos. Hacían una muy buena pareja. Salí de la habitación, dejándolos a los dos solos, y pasé el resto de la noche navegando en Internet.

Poco después de aquella noche, Natalia y Diego comenzaron a salir juntos y, todavía hoy, continúan siendo novios. Yo no paro de decirle a Natalia que lo único que quería aquella noche era montarme un trío con los dos. Sin embargo, ella no para de darme las gracias por haber ayudado a juntarles y me lo agradece invitándome a hacer otros tríos con él y ella de vez en cuando.
Ella siempre ha sido mucho mejor amiga que yo.

nena dijo:

09/02/2010

que experiencia tan candente las felicito

CumLouder